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Digitalización Sostenible 2018-11-12T10:31:07+00:00

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Calle Pelayo nº11, Barcelona
Del 5 al 30 de noviembre
De lunes a vienes (11-15h / 16-19h)
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MÁS TECNOLOGÍA, MÁS RESIDUOS

En las últimas décadas, la tecnología ha vivido una revolución sin precedentes, y ha facilitado que las nuevas formas de movilidad permitan que aparatos como smartphones, teléfonos móviles, tabletas u ordenadores portátiles nos acompañen en cualquier momento y lugar. Además, en nuestros hogares encontramos una gran variedad de electrodomésticos como frigoríficos, lavadoras, luminarias, aparatos de aire acondicionado, microondas o herramientas eléctricas, entre muchos otros.

Pese a que puedan parecer muy distintos, todos ellos tienen algo en común: son aparatos eléctricos y electrónicos, que para funcionar necesitan una corriente eléctrica o un campo electromagnético. Y cuando finaliza el ciclo de vida de los aparatos, estos se convierten en residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Como RAEE por tanto se consideran los mencionados aparatos, sus materiales, componentes, consumibles y subconjuntos que los componen, procedentes tanto de hogares particulares como de usos profesionales.

Debemos pero ser muy conscientes de que este vertiginoso avance de la tecnología tiene un precio: los RAEE crecen a un ritmo tres veces superior al del resto de residuos sólidos urbanos, por lo que su adecuado reciclaje se ha convertido en un elemento fundamental para la sostenibilidad del medio ambiente y el impulso de un nuevo modelo de economía circular.

EL IMPACTO AMBIENTAL DE LOS RAEE

Los RAEE son los residuos de los aparatos eléctricos y electrónicos, tanto de origen doméstico como profesional, que por sus especiales características necesitan de procesos de descontaminación y tratamiento específicos para evitar la posible contaminación que pueden generar.

Entre los componentes habituales podemos encontrar sustancias como mercurio, plomo, litio o cadmio, entre muchos otros, que pueden filtrarse al suelo, contaminar el agua y el aire, y generar un importante nivel de contaminación que puede perdurar hasta 500 años o más.

Algunos de ellos, como los aires acondicionados, contienen aceites y gases refrigerantes, como los CFC y HCFC, que contribuyen al efecto invernadero y al calentamiento global del planeta si se liberan a la atmósfera. Para hacernos una idea, podemos considerar que para absorber la cantidad de CO₂ que un solo aparato de aire acondicionado mal gestionado puede llegar a emitir a la atmósfera, son necesarios 200 árboles trabajando durante todo un año o, lo que es lo mismo, que 250 coches dejen de circular durante un día entero.

Por otra parte, en la fabricación de productos tecnológicos se utilizan recursos naturales finitos, por lo que recuperar las materias primas que contienen es un elemento crítico para poder garantizar la sostenibilidad del sistema productivo.

Uno de los grandes problemas que afrontamos en el reciclaje de los RAEE es lograr que lleguen a los puntos de recogida aparatos que, de forma habitual, se acumulan en nuestros hogares. Un ejemplo de ello son los teléfonos móviles, un tipo de aparato con elevadas tasas de sustitución, pero que tendemos a guardar en un cajón.

Por todos estos motivos, resulta fundamental que los residuos se canalicen de forma adecuada para su recogida, descontaminación y tratamiento, a fin de evitar la posible contaminación y recuperar las valiosas materias primas que contienen.

¿DÓNDE ENTREGAR LOS RAEE?

La adecuada gestión ambiental de los RAEE depende que todos los actores que intervienen en su ciclo de vida realicen una gestión responsable. Desde los fabricantes, pasando por los distribuidores, hasta los gestores de los residuos y los propios consumidores, todos somos responsables para lograr el objetivo de cerrar el ciclo e impulsar un modelo de economía circular que garantice la sostenibilidad de nuestro planeta.

Los usuarios de los aparatos pueden entregar los RAEE domésticos por dos vías principales. Una de las opciones es hacerlo en los puntos limpios y otros puntos municipales, donde se clasifican para trasladarse hacia gestores autorizados según sus necesidades específicas de tratamiento.

Por otra parte, pueden entregar los RAEE en los comercios de venta de aparatos. Además de aceptar los aparatos en desuso cuando se adquiere uno de características similares, también deben aceptar los residuos de pequeños aparatos electrodomésticos, de menos de 25 centímetros, independientemente de si adquiere o no uno nuevo.

Si no sabes dónde puedes entregar tus RAEE, puedes visitar la web Punto Limpio de Ecotic. A través de la misma, puedes encontrar de forma automática mediante geolocalización una red de más de 1.700 puntos de recogida municipales distribuidos por toda España.

¿CÓMO SE GESTIONAN LOS RAEE?

RECOGIDA

Cuando termina su ciclo de vida útil, los viejos aparatos deben depositarse en un punto de recogida selectiva como los puntos limpios o los comercios de electrodomésticos, para recogerlos de forma separada de otros residuos y garantizar que se almacenan de forma adecuada. Esto permite por ejemplo evitar roturas en las pantallas de televisores y monitores, lo mismo que sucede con las lámparas, de modo que el residuo se mantenga en condiciones óptimas para su posterior tratamiento.

Los RAEE de origen profesional se recogen a través de los almacenes propios de las empresas de distribución, donde se almacenan los residuos generados por los propios distribuidores. Los Centros de Agrupación de Carga (CAC) habilitados por los Sistemas Colectivos de Responsabilidad Ampliada del Productor, recepcionan los RAEE de los puntos limpios y de los distribuidores, previamente a su transporte a las empresas recicladoras.

REUTILIZACIÓN

Cuando resulta posible, los aparatos en desuso se destinan a procesos específicos de preparación para la reutilización, con el objetivo de que puedan gozar de una segunda vida y se pueda prevenir la generación de residuos.

La preparación para la reutilización es un sector con un importante potencial de creación de empleo, y además permite reducir el consumo de recursos naturales en la fabricación de nuevos productos, lo que supone un evidente beneficio ambiental.

RECICLAJE

Si no es posible reutilizarlos, los aparatos se transportan hasta plantas de tratamiento debidamente autorizadas según sus necesidades específicas de tratamiento. En estas plantas, los RAEE se someten a diversos procesos: desmontaje y separación manual de los componentes del aparato, reciclaje mecánico mediante la extracción y triturado de materiales, fundición para la recuperación de metales, o reciclaje químico, aplicable a metales preciosos contenidos en las placas de circuitos impresos.

Los modernos procesos y técnicas de reciclaje permiten recuperar la práctica totalidad de las materias primas que contienen, evitando el agotamiento de los recursos naturales y la posible contaminación que podrían generar.

LOS BENEFICIOS DEL RECICLAJE

El adecuado reciclaje de los RAEE implica múltiples beneficios, tanto desde una vertiente ambiental, como desde un punto de vista social. Las grandes innovaciones en la industria del reciclaje introducidas durante los últimos años permiten que en la actualidad, de media, se pueda recuperar más del 90% de las materias primas que contienen.

En el caso de las pilas, los procesos de reciclaje permiten la obtención del mercurio con un grado de pureza superior al 96%. Asimismo, tras su trituración previa se obtiene escoria férrica y no férrica, papel, plástico y polvo de pila, siendo sometido este último a procesos para recuperar los metales que contiene.

Las lámparas, que incluyen las bombillas y fluorescentes se componen principalmente de vidrio (en torno al 94%), metales (un 5% aproximadamente), polvo de fósforo (el 1% restante) y pequeñas cantidades de plástico, todos ellos materiales que pueden recuperarse para nuevos usos.

Gracias a las técnicas que se aplican en las plantas de tratamiento en la actualidad, se logra valorizar en torno al 94% de los materiales que componen las bombillas de bajo consumo, cifra que en el caso de los fluorescentes se aproxima al 98%.

La preparación para la reutilización de los aparatos, cuando resulta posible, es otro modo de contribuir de forma positiva tanto a la conservación del medio ambiente como a nivel social. El sector de la reutilización es un ámbito en el que se está creando una importante actividad para la inserción laboral de personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social.

EL COMPROMISO DE LA INDUSTRIA

El desarrollo de nuevas tecnologías lleva aparejado un importante esfuerzo de la industria de la electrónica para innovar, diseñando y fabricando productos más sostenibles, tanto a nivel de impacto ambiental, como introduciendo mejoras para facilitar su reciclaje al final de su ciclo de vida útil.

La industria de Europa en su conjunto está haciendo un importante esfuerzo para comprometerse en la recuperación de los residuos. Según datos de Eurostat, en 2013 la tasa de recuperación se sitúo en el 91% para los grandes electrodomésticos, y en el 87% para los pequeños aparatos, mientras que las de reciclaje se establecieron en el 84% y el 77% respectivamente, lo que refleja el gran esfuerzo general de la industria para lograr alcanzar los objetivos comunitarios establecidos.

Los desarrollos en materia de innovación por parte de las empresas fabricantes de aparatos se han visto orientados de forma principal hacia el ecodiseño de los productos, que permite mejoras sustanciales en materia de sostenibilidad.

Por una parte, se han impulsado numerosas líneas de actuación orientadas a la minimización del impacto ambiental de los procesos productivos y a facilitar el reciclaje al final de su ciclo de vida útil. Entre otros muchos aspectos, podemos mencionar la reducción del uso de materiales durante la fabricación, la selección de materiales de bajo impacto, las reducción del impacto durante el uso, el incremento de la vida útil, la reducción del uso de materiales durante la fabricación, la selección de materiales de bajo impacto, o la optimización del desmontaje para facilitar el desmontaje y tratamiento cuando se convierten en residuos.

También son muy significativas las mejoras en materia de eficiencia energética, en gran medida orientadas al desarrollo de aparatos más respetuosos con el medio ambiente. Según datos del European Committee of Domestic Equipment Manufacturers (CECED), entre los años 2011 y 2013, el índice medio ponderado de eficiencia energética aumentó un 6% anual, con importantes desarrollos en distintas líneas de productos.

En tan solo tres años, el número de lavadoras con clasificación energética A+++ se triplicó, mientras que el número de lavadoras de la clase energética más baja A se redujo en más de un 90%. Otro tanto sucedió con los lavavajillas, que en el mismo periodo vieron doblarse los de máxima eficiencia, mientras que los de la categoría inferior se redujeron a la mitad. Y en el caso de los aparatos de refrigeración comercializados, en 2013 prácticamente el 100% se encontraban en las clases de eficiencia energética A+ y superior.

¿SABES CÓMO SE RECICLAN…?

Cuando pensamos en el reciclaje, enseguida nos vienen a la mente materiales como el vidrio, el papel, el cartón o el plástico. Pero, ¿sabes cómo se reciclan los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE)? Te invitamos a descubrir cómo se lleva a cabo la gestión de los residuos de algunos de los aparatos y electrodomésticos que utilizamos de forma cotidiana, y cuya adecuada gestión ambiental resulta fundamental para la sostenibilidad del medio ambiente y la salud de las personas.

Ya sean modelos tradicionales o los modernos smartphones, están compuestos básicamente por el plástico de las carcasas, circuitos impresos y placas, además de la batería que sirve como fuente de alimentación.

Cuando desechamos uno de estos aparatos, el primer paso es extraer la batería. La mayoría de baterías actuales son de ion de litio, que permiten un gran almacenamiento de energía y son muy ligeras.

No obstante siguen apareciendo todavía antiguas baterías elaboradas con otros elementos, como las baterías de níquel-cadmio (NiCd), que fueron las primeras en ser comercializadas, o las de níquel-metal híbrido (NiMH), que permitían almacenar en torno a un 30% más de energía. El problema es que se trata de metales con una alta capacidad contaminante, por lo que resulta esencial que sean gestionados adecuadamente.

El proceso de reciclaje de las baterías de móvil se lleva a cabo en las mismas plantas de tratamiento donde se procesan las pilas. Tras ser separadas según el tipo de batería, se someten a un proceso mecánico con varias etapas de trituración, que se lleva a cabo en un ambiente controlado para evitar el riesgo de explosiones debido a que pueden contener todavía cierta carga de energía.

Tras este primer paso, uno de los procedimientos habituales es que se destinen a una canaleta vibratoria y se sometan a un lavado con agua, a través de los cuales se logra separar los metales férricos y no férricos, el plástico, el papel y el polvo del acumulador.

El polvo del acumulador se somete entonces a un proceso hidrometalúrgico para recuperar los diferentes metales que contiene. Mediante la adición de ácido y reactivos se obtienen distintos materiales, como níquel, hierro, aluminio, litio, cobalto, cadmio o titanio que pueden reutilizarse en la fabricación de nuevos productos.

El resto de componentes de los teléfonos se someten a procesos de trituración mediante las que se van obteniendo fracciones de distintos materiales, como pueden ser el plástico y el papel, o metales como el aluminio, el cobre, el estaño o el zinc. Además de estos, también podemos encontrar pequeñas cantidades de metales preciosos como el oro, el paladio o el coltan, si bien su presencia es residual.

Para lograrlo, la separación de los componentes se realiza mediante diversos métodos. Uno de los más usuales es a través de la aplicación de chorros de aire, un método que permite que los distintos metales se separen en función de su peso. También es habitual utilizar el magnetismo, mediante la aplicación de imanes, lo que consigue que los más magnéticos se separen del resto.

Las pantallas de cristal líquido o LCD (Liquid Crystal Display) se caracterizan por funcionar mediante una fuente de luz interna, generalmente procedente de una serie de lámparas fluorescentes, que se proyecta sobre el sándwich de cristal líquido. Estos equipos presentan complejidades para su correcto reciclaje, debido a la presencia de componentes peligrosos que requieren descontaminación.

En primer lugar, debemos mencionar que la recogida y almacenamiento de este tipo de residuos se debe llevar a cabo separadamente del resto de residuos electrónicos para evitar roturas. Por este motivo su gestión requiere sumo cuidado, ya que en caso de rotura no podrían recuperarse fracciones potencialmente peligrosas como el mercurio contenido en la fluorescencia de los LCD, con el gran riesgo que esto conlleva para el medio ambiente y la salud de las personas.

Cuando estos equipos llegan a los centros de reciclaje, el procedimiento habitual es separar la peana o soporte, con lo que se obtiene una primera fracción de plástico o metal y, entonces, se separan las fracciones plásticas traseras y delanteras. El proceso de desmontaje deberá llevarse a cabo en atmósferas controladas para controlar la dispersión de aerosoles peligrosos, como los vapores de mercurio que contienen las lámparas.

Una vez separadas, las distintas fracciones se deben depositar en contenedores independientes, que se envían a los centros adecuados para su tratamiento. Las lámparas fluorescentes contienen mercurio y otros metales pesados que requieren un proceso específico para su reciclado. Es por ello que se deben depositar en contenedores estancos homologados, que se transportan hasta los centros de tratamiento de lámparas para su adecuada gestión.

El reciclado de los LCD permite recuperar principalmente metales férricos y no férricos, plásticos y metacrilato, además del cristal líquido y otros componentes residuales. Cabe mencionar entre estos elementos las lámparas fluorescentes, ya que aunque su peso es residual en relación al peso total de la pantalla, la toxicidad de sus constituyentes hace que sea de una enorme importancia su recuperación.

Gracias a las modernas técnicas de reciclaje de que disponemos en la actualidad, hoy en día es posible recuperar prácticamente el 100% de los materiales que contienen las pantallas LCD.

Las bombillas de bajo consumo y los fluorescentes son lámparas que encontramos de forma cotidiana en nuestros hogares, y que a lo largo de los años han ido sustituyendo a las bombillas de filamento. Sus principales beneficios son que gastan menos electricidad, tienen una mayor vida útil y permiten un mayor ahorro.

Como idea global, debemos tener presente que los procesos de tratamiento de las lámparas están diseñados para lograr la captación de los elementos contaminantes y evitar su emisión al medio ambiente, y a su vez para lograr recuperar y valorizar la máxima cantidad de materiales con el fin de poder utilizarlos en nuevos procesos productivos.

Para ello es fundamental que las bombillas de bajo consumo y los fluorescentes, cuando se convierten en residuos, se depositen de forma adecuada en los contenedores de recogida selectiva. Estos contenedores podemos encontrarlos en los puntos limpios municipales, pero también en distribuidores eléctricos y en comercios y puntos de venta.

Reciclar de forma óptima las lámparas depende de que logremos evitar que se rompan, y de que se depositen en los contenedores sin cajas de cartón u otros elementos de embalaje que no se reciclan con las bombillas. De este modo se pueden recoger de forma separada y transportarlas hasta los gestores autorizados para su tratamiento, garantizando que reciben una adecuada gestión ambiental.

Las bombillas y los fluorescentes se componen principalmente de vidrio (en torno al 94%), metales (un 5% aproximadamente), polvo de fósforo (el 1% restante) y pequeñas cantidades de plástico, todos ellos materiales que pueden recuperarse para nuevos usos. Pero también contienen pequeñas cantidades de mercurio, una sustancia con un elevado potencial de contaminación del medio ambiente y que puede tener un impacto perjudicial en la salud humana y animal.

El mercurio lo podemos encontrar de forma residual adherido al vidrio, y también en forma de vapor de mercurio. Si se produce una rotura de la lámpara, el principal riesgo es que este vapor de mercurio tiene la capacidad de viajar grandes distancias de una forma muy rápida, por lo que puede contaminar lugares alejados de su punto de origen.

El proceso de tratamiento se inicia con la separación de los componentes en condiciones de circulación de aire que mantienen la presión negativa, desmontando el globo externo del cristal del vástago de la base, y separándolo del metal de la base que contiene el tubo interior del arco donde podemos encontrar el mercurio. Una vez separadas, las partes que no contienen mercurio se clasifican y se envían para ser sometidas a los procesos de reciclaje correspondientes.

Los metales que se encuentran en las bombillas y fluorescentes son principalmente aluminio y latón, que son enviados como chatarra para reciclaje si la concentración media de mercurio no supera los 20 mg/kg. En caso contrario, se someten a un proceso de destilación para recuperar el mercurio presente, tras lo cual se destinan a su reciclaje.

El tubo interior se somete a altas temperaturas en un horno, lo que permite la vaporización del mercurio adherido al vidrio. El mercurio se enfría y se recoge para poder procesarlo de forma adecuada. Lo mismo sucede con el vidrio, que tras ser enfriado se somete a un proceso para comprobar que ya no contiene mercurio, tras lo cual se destina a su reciclaje.

El mercurio crudo recuperado mediante el proceso térmico se destina a una destilación triple, con el objetivo de eliminar las impurezas y transformarlo en mercurio técnicamente puro. Las aplicaciones que se le pueden dar son muy diversas, gracias a sus especiales propiedades, por lo que podemos encontrar mercurio en usos dispares como la fabricación de nuevos aparatos eléctricos, como cátodo en procesos de elaboración de productos químicos como el cloro o la sosa cáustica, e incluso en determinados usos médicos.

Las modernas técnicas de tratamiento de las lámparas que se aplican en las plantas de tratamiento en la actualidad permiten valorizar en torno al 94% de los materiales que componen las bombillas de bajo consumo, cifra que en el caso de los fluorescentes se aproxima al 98%.

Podemos por tanto afirmar que la práctica totalidad de los materiales que contienen este tipo de lámparas pueden ser aprovechados y volver al mercado como materias primas para la elaboración de nuevos productos, evitando con ello el agotamiento de los recursos naturales finitos y contribuyendo a reducir las emisiones de CO₂.

En España se consumen y desechan cada año 400.000.000 de pilas de todas clases y formatos que pesan más de  8.500 toneladas. Esta ingente cantidad de residuos puede provocar un importante  problema medioambiental debido a los metales pesados y sustancias químicas que pueden contener las pilas en su interior.

El primer paso para un adecuado reciclaje de las pilas, baterías y acumuladores es lograr su recogida selectiva respecto a otros tipos de residuos. Para ello, deben depositarse correctamente en los contenedores específicos, que podemos en tanto en puntos limpios, como en sitios de fácil acceso como supermercados, edificios de la Administración, colegios o contenedores de calle, además de los propios puntos de venta de pilas y baterías.

La recogida selectiva es fundamental, ya que las que se tiran en la basura ordinaria acaban oxidándose en los vertederos, liberando el mercurio que contienen y contaminando así suelos y aguas, o llegando a convertirse en metilmercurio, un compuesto altamente tóxico.

Tras su recogida selectiva, las pilas y baterías se trasladan a las plantas de clasificación y reciclaje, que es donde se separan siguiendo criterios electroquímicos. Así encontramos pilas de botón, pilas salinas y alcalinas, pilas de ion-litio, pilas recargables de níquel o pilas de plomo-ácido, por citar las más habituales. Este es un aspecto fundamental, ya que los procesos de reciclaje son tan diversos como el tipo de pilas.

Una vez catalogadas comienza el reciclaje correspondiente, encaminado de forma principal a recuperar los metales. Las pilas salinas alcalinas, que suponen más del 90% de las recogidas a través de los contenedores específicos, pueden ser un buen ejemplo para entender el reciclaje de estos residuos.

Una vez las pilas llegan a las plantas específicas de tratamiento, se trituran para separar su carcasa metálica del resto. El tubo de acero de las pilas se recicla como chatarra de acero en hornos eléctricos de la industria siderúrgica, para obtener nuevo acero. El dióxido de manganeso se recicla conjuntamente con el zinc, en hornos rotatorios para extraer nuevos materiales para la industria. Y la pieza del cierre del colector en la central de la pila, como en el caso del tubo de acero, se recicla como chatarra de acero en hornos eléctricos para obtener nuevo acero. Gracias a este sistema se reaprovecha más del 75% de sus componentes, como zinc, manganeso y otros metales de la fracción salina.

En el caso de las pilas de mercurio, conocidas también como pilas de botón, se introducen en un destilador que se calienta hasta la temperatura adecuada. La condensación posterior de los gases mercúricos permite la obtención de un mercurio con un grado de pureza superior al 96%.

Entre los diversos materiales que podemos obtener mediante el reciclaje de las pilas y baterías encontramos elementos como zinc, carbón, acero y la escoria restante, que tras su tratamiento por parte de gestores especializados permite obtener óxido de zinc, energía, barras y rollos de alambre, o materiales para la construcción de carreteras, respectivamente.

La conclusión por tanto es que el adecuado reciclaje de las pilas permite la reintroducción en el ciclo productivo de materias primas cada vez más escasas y de más valor, ahorrando recursos naturales y energéticos, y minimizando los potenciales impactos sobre el medio ambiente.